En la actualidad México se ubica entre los
países que presentan mayores rezagos en su modelo electoral. Los actuales
comisionados del Instituto Federal Electoral (IFE) optaron por no involucrarse
en la indispensable modernización del proceso electoral, que supone profundas
modificaciones al sistema de votación, el cual en gran medida permanence
indiferente a formidables avances tecnológicos que sin duda alguna han
contribuido a dar mayor certeza democrática a comicios celebrados en aquellas
naciones en las cuales se han incorporado avanzados sistemas de voto
electrónico.
La adopción de un avanzado sistema de voto electrónico automatizado, rápido, eficiente y
transparente, susceptible de conferir certeza democrática a las elecciones que celebraremos
el próximo domingo, debió ser una de sus principales prioridades.
La llamada “caída del sistema”,
registrada en las elecciones presidenciales de 1988, posiblemente fermentó cierta
desconfianza en torno a la posible contribución de la cibernética en los
procesos electorales. En los referidos comicios, en realidad no “falló la
tecnología”. En realidad prevalecieron las razones de la “voluntad
política”.
Hoy en día algunas
naciones cuentan con sistemas de votación totalmente automatizados. India, por
ejemplo, con una población estimada en 1,100 millones de habitantes; Estados
Unidos, poco más de 311 millones; Filipinas, más de 88 millones y con una
población dispersa en centenaras de islas; Brasil, más de 203; Venezuela, más
de 27 millones; Bélgica, 11 millones de habitantes.
La población
total de las referidas naciones asciende a poco más de 1,700 millones de
personas. Aproximadamente uno de cada cuatro habitantes en el planeta podría
emitir sufragios mediante avanzados sistemas de voto electrónico, que además de
las comicios, por supuesto podrían ser empleados en el desarrollo de consultas
ciudadanas y plebiscitos.
Entre
las principales ventajas del voto electrónico destacan: total transparencia y
exactitud, rapidez y eficiencia en las tareas electorales, capacidad para
identificar y prevenir situaciones de fraude, confianza pública y secreto del
voto, igualdad para todos los electores.
En
materia de transparencia y exactitud, los avanzados sistemas de voto
electrónico permiten verificar y auditar los resultados, evitando que los votos
sean alterados, que se eliminen sufragios válidos o se sumen inválidos, asegurando
además que la sumatoria de votos efectivamente coincida con el número de
votantes.
Un
eficiente sistema de voto electrónico agiliza la instalación de las casillas, permite
eliminar gran cantidad del material físico que suele emplearse en las
votaciones manuales, impidiendo la manipulación de las boletas electorales.
Además permite reducir el personal que interviene en cada una de las etapas del
proceso electoral.
El
voto automatizado y un inteligente diseño del proceso electoral reducen el
tiempo destinado a emitir los sufragios, abreviando significativamente el lapso
necesario para dar a conocer los resultados de la elección.
La
ingeniería destinada a fraudes electorales suele operar a partir de la
manipulación de las papeletas electorales. La posibilidad de consumar fraudes
puede significativamente reducirse si las boletas y actas no necesitan ser
desplazadas.
Los
avanzados sistemas de sufragio automatizado facilitan a personas con alguna
limitación física, poder emitir directamente su voto sin la necesidad de
depender para ello de la ayuda de terceros.
Un
eficiente sistema de voto electrónico además asegura, mediante avanzados
mecanismos de cifrado, la plena secrecía del sufragio como del ciudadano que lo
emitió, contribuyendo a dar absoluta certeza democrática y legalidad a los
procesos electorales.
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