jueves, 21 de junio de 2012

Voto electrónico: una asignatura pendiente


En la actualidad México se ubica entre los países que presentan mayores rezagos en su modelo electoral. Los actuales comisionados del Instituto Federal Electoral (IFE) optaron por no involucrarse en la indispensable modernización del proceso electoral, que supone profundas modificaciones al sistema de votación, el cual en gran medida permanence indiferente a formidables avances tecnológicos que sin duda alguna han contribuido a dar mayor certeza democrática a comicios celebrados en aquellas naciones en las cuales se han incorporado avanzados sistemas de voto electrónico.

La adopción de un avanzado sistema de voto electrónico automatizado, rápido, eficiente y transparente, susceptible de conferir certeza democrática a las elecciones que celebraremos el próximo domingo, debió ser una de sus principales prioridades.

La llamada “caída del sistema”, registrada en las elecciones presidenciales de 1988, posiblemente fermentó cierta desconfianza en torno a la posible contribución de la cibernética en los procesos electorales. En los referidos comicios, en realidad no “falló la tecnología”. En realidad prevalecieron las razones de la “voluntad política”. 

Hoy en día algunas naciones cuentan con sistemas de votación totalmente automatizados. India, por ejemplo, con una población estimada en 1,100 millones de habitantes; Estados Unidos, poco más de 311 millones; Filipinas, más de 88 millones y con una población dispersa en centenaras de islas; Brasil, más de 203; Venezuela, más de 27 millones; Bélgica, 11 millones de habitantes.

La población total de las referidas naciones asciende a poco más de 1,700 millones de personas. Aproximadamente uno de cada cuatro habitantes en el planeta podría emitir sufragios mediante avanzados sistemas de voto electrónico, que además de las comicios, por supuesto podrían ser empleados en el desarrollo de consultas ciudadanas y  plebiscitos.

Entre las principales ventajas del voto electrónico destacan: total transparencia y exactitud, rapidez y eficiencia en las tareas electorales, capacidad para identificar y prevenir situaciones de fraude, confianza pública y secreto del voto, igualdad para todos los electores.

En materia de transparencia y exactitud, los avanzados sistemas de voto electrónico permiten verificar y auditar los resultados, evitando que los votos sean alterados, que se eliminen sufragios válidos o se sumen inválidos, asegurando además que la sumatoria de votos efectivamente coincida con el número de votantes.

Un eficiente sistema de voto electrónico agiliza la instalación de las casillas, permite eliminar gran cantidad del material físico que suele emplearse en las votaciones manuales, impidiendo la manipulación de las boletas electorales. Además permite reducir el personal que interviene en cada una de las etapas del proceso electoral.

El voto automatizado y un inteligente diseño del proceso electoral reducen el tiempo destinado a emitir los sufragios, abreviando significativamente el lapso necesario para dar a conocer los resultados de la elección.

La ingeniería destinada a fraudes electorales suele operar a partir de la manipulación de las papeletas electorales. La posibilidad de consumar fraudes puede significativamente reducirse si las boletas y actas no necesitan ser desplazadas.

Los avanzados sistemas de sufragio automatizado facilitan a personas con alguna limitación física, poder emitir directamente su voto sin la necesidad de depender para ello de la ayuda de terceros.

Un eficiente sistema de voto electrónico además asegura, mediante avanzados mecanismos de cifrado, la plena secrecía del sufragio como del ciudadano que lo emitió, contribuyendo a dar absoluta certeza democrática y legalidad a los procesos electorales.

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